La alimentación de nuestros hijos es un aspecto de gran importancia, ya que contribuye en gran medida al desarrollo de su potencial de crecimiento tanto físico como cognitivo. Es importante entender algunos conceptos, que te explicamos a continuación:

¿Qué es la conducta alimentaria?

La conducta alimentaria se define como el conjunto de actividades que establecen las relaciones del ser humano con los alimentos. Desde los primeros años de vida, empiezan a establecerse vínculos con la comida a través de la experiencia directa con la misma, en el entorno familiar, social y cultural, donde se aprende sobre qué alimentos consumir, cómo prepararlos, de qué manera combinarlos, además de los rituales y normas socialmente aceptados a la hora de consumirlos.

Durante esta etapa, la alimentación se torna estable por ciertos periodos de tiempo, sin embargo, puede presentar variaciones asociadas al estado de salud, el ambiente en el que se desarrollan los momentos de comida y por las emociones, teniendo gran influencia en la cantidad y la calidad de alimentos que se consumen.

¿Por qué el estado emocional afecta el consumo de alimentos de mi hijo?

Debemos tener en cuenta que la alimentación no se trata solo de una necesidad fisiológica para mantener en funcionamiento el cuerpo, sino que también está relacionada a la necesidad de recibir cuidados y afecto, y tener comunicación con aquellos que nos rodean. Con esto podemos entender que los alimentos no solo nos aportan nutrientes, sino que constituye un aspecto de gran relevancia para la salud emocional de tu hijo y de toda tu familia.

Un claro ejemplo de esto, es la lactancia materna, que funciona no solo como fuente de nutrientes y salud sino  también como un acto de amor que genera vínculos entre una madre y su bebé. Con los años, otros alimentos generan relaciones con eventos, como la asociación de las tortas y el helado a celebraciones, fiestas y alegría.

¿Qué es un comedor emocional?

Un comedor emocional es aquel que consume alimentos, estimulado por emociones negativas como son la ansiedad, la soledad, la ira y la tristeza; para contrarrestarlas, buscar consuelo o llenar el vacío que éstas generan. Sin embargo, en algunas personas las emociones positivas también pueden estimular cambios en el consumo de alimentos.

Esta conducta puede generar dificultades en el control del peso y afectar el crecimiento, pues puede conducir a ingestas excesivas o insuficientes, ya que se busca fijar la atención en la comida para suprimir el estado emocional.

¿Cómo evitar relaciones negativas con la alimentación?

Debemos tener en cuenta que la familia es un modelo a seguir para los niños, por lo que deben evitarse situaciones como:

  • Calmar al niño comprándole un helado o golosinas, ya que se está asociando la comida gratificante a una forma de calmar el malestar.
  • Permitir que el niño seleccione alimentos del refrigerador, sin supervisión, solo porque se siente aburrido o triste, ya que se está tomando la comida como algo para llenar vacíos.
  • Premiar o castigar al niño con comidas rápidas, postres y dulces

Estas conductas favorecen que los niños asocien la comida o los alimentos con las emociones, lo que a la larga les puede llevar a una ingesta excesiva o deficiente.

Además, te recomendamos enseñarles a tus hijos a identificar los sentimientos y emociones que generan malestar, escucharlos, aceptarlas y diferenciarlas de la sensación de hambre. Un buen recurso para contrarrestarlas es realizar otras actividades como bailar, dibujar o salir a dar un paseo.

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